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06 mayo, 2013

El movimiento social brasileño “Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra” es consecuencia de un proceso histórico de reivindicación de un reparto justo de la Tierra. Esta reivindicación surge como consecuencia de un problema endémico en Brasil: el reparto desigual de la propiedad de la Tierra. Un dato que representa muy bien este problema es que en 1970 el 50% del medio rural brasileño estaba en manos del 1% de la población y a principios de los dos mil la cifra no había cambiado mucho. El movimiento social comienza precisamente ahí, en la década de los 70. Sin embargo, la reivindicación de la reforma agraria lleva vigente en el pueblo rural brasileño varios siglos. Lo que demanda este movimiento es esencialmente la democratización de la tierra. Personalmente, considero que podemos equiparar propiedad de la tierra a riqueza. Así podríamos decir que lo que se reivindica es la democratización de la riqueza. Y que el conflicto que lleva a esta movilización es la desigualdad coyuntural.


Las movilizaciones campesinas llevan tiempo sucediéndose en diversos lugares. Solo hay que ojear la historia moderna de España, por ejemplo, para ver cómo la reforma agraria ha sido un problema desde hace más de un siglo y cómo su solución supone y ha supuesto un problema de primer orden en la agenda política. Los intentos de desamortización y de reforma agraria se han topado con barreras muy similares a las que existieron y existen en España. Estas barreras son, entre otras:
  • el poder de los grandes terratenientes.
  • el inmovilismo del poder económico.
  • y la connivencia entre la clase política y la élite económica.
En el contexto de Brasil hay que añadir la extrema pobreza del campesinado y el empeño de los terratenientes por acabar con cualquier tipo de asociación campesina. 
 
Entre los apoyos del Movimento tenemos a ciertos miembros o sectores de la Iglesia brasileña, a la Policia Federal dependiente del departamento de justicia y a los propios jueces de Brasil. El máximo tribunal de justicia del país ha sentenciado en varias ocasiones que el MST (Movimiento de los Sin Tierra) no es ilegal pues su objetivo no es otro que hacer valer la constitución. De esta manera podemos decir que las leyes y la justicia apoyan también los principios que defiende el MST. La reforma agraria forma parte de la norma suprema del ordenamiento jurídico brasileño. Y en ella se plasma y establece como principio la función social de la tierra, en su artículo 184:
 
Art. 184. “Es competencia de la Unión expropiar por interés social, para fines de reforma agraria, el inmueble rural que no está cumpliendo su función social, mediante previa y justa indemnización en títulos de deuda agraria, con cláusula de preservación del valor real, rescatables en el plazo de hasta veinte años, a partir del segundo año de su emisión, y cuya utilización será definida en la ley”.

Y en su artículo 186, concreta los criterios en consideración para hablar de “Interés Social”:

Art. 186. La función social se cumple cuando la propiedad rural atiende, simultáneamente, según los criterio y los grados de exigencia establecidos en la ley, a los siguientes requisitos:
I aprovechamiento racional y adecuado;
II utilización adecuada de los recursos naturales disponibles y preservación del medio ambiente;
III observación de las disposiciones que regulan las relaciones de trabajo
IV explotación que favorezca el bienestar de los propietarios y de los trabajadores.


Es por conseguir la función social efectiva de la tierra por lo que luchan, pacíficamente, los campesinos brasileños. Esta lucha es la misma por la que pugnamos hoy los movimientos sociales de este lado del “charco”. Una lucha que va más allá de la izquierda y la derecha y que trasciende la oxidada arena política de las democracias de hoy. Una lucha de los de abajo contra los de arriba. Se trata de democratizar la tierra, la riqueza en definitiva. De paliar las brutales desigualdades sociales que sufren las sociedades del mundo en el que vivimos. El voto se ha quedado corto, no valen unas leyes que garanticen la función social de la tierra o que subordinen los bienes y recursos de un país al interés general si no son efectivas. Y por hacerlas efectivas pugnan los movimientos sociales. Pero ahora hemos cambiado “el fusil por la guitarra”. Creemos en una definición de democracia como la de Mandela


si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”.


La igualdad ante la ley no es igualdad en la medida en que si no tenemos asegurados unos bienes básicos y una educación la igualdad ante la ley se convierte en algo espurio pues no somos iguales ante la vida.


Hoy, el Partido de los Trabajadores da cierta luz de esperanza no exenta de sombras. Además, el Foro Social Mundial de Portoalegre bajo el lema “otro mundo es posible” trata de hacer realidad un nuevo orden que haga posible la creación de una sociedad más viable. Un Brasil sin latifundios.


Andreu Carro

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